Alexander McQueen: la gloria oscura del norte de Inglaterra

Una vuelta a las raíces, aunque a las de Sarah Burton, no a las de Alexander McQueen, en una destacada colección de la diseñadora, con una suntuosa mezcla de sastrería, fantasía, costura y un toque chic y mágico.

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Alexander McQueen - Fall-Winter 2019 - Womenswear - Paris - © PixelFormula

Burton llevó a su equipo de vuelta a su ciudad natal, en el norte de Inglaterra, para inspirarse y, también, para aprovechar los molinos locales, con nombres como William Halstead, John Foster, Bower Roebuck, Savile Clifford y Joshua Ellis. El resultado fue la sastrería más destacada que se ha visto en esta temporada de desfiles: mezclas complejas de rayas en trajes masculinos dignos de la ciudad de Londres, sobresalientes chaquetas ajustadas, con pequeños plisados, y trajes punk de pata de gallo.

Sus primeras propuestas marcaron la agenda del desfile: dos colas cortadas con maestría, empleadas sin camisas debajo y con fajas plisadas que colgaban de un lado. Con clase y con un toque gamberro, pues se anclaban con botas cowboy de McQueen, y con cordones rojos que contrastaban con tachuelas plateadas.

“McQueen siempre ha estado ligado a la sastrería. Lee (Alexander) trabajó en Savile Row. Así es como empezamos. Esa es la columna vertebral de lo que vestimos, pero, al mismo tiempo, somos masculinos y femeninos”, explicó la directora creativa de la marca, Sarah Burton.

Para las noches más frías del norte, su propuesta fue la de grandes abrigos de estilo militar. Quizás un poco fuera de lugar, pero precisamente bellos por eso.
“Llevé a mi equipo de vuelta a las ciudades de los molinos y al país salvaje del que vengo, en las colinas de Derbyshire. Esta es la yuxtaposición de dos mundos, la realidad de dos ciudades frente a la belleza de la naturaleza”, añadió emocionada la diseñadora.

Las telas y detalles eran muy británicos, igual que el escenario. Aunque se elaboró en una de las mejores escuelas de París, el Lycée Carnot, los invitados se sentaron en enormes y cómodos rollos de lana y estambre. Además, los accesorios eran brillantes, con media docena de aron para la oreja dignos de un Maasai, gargantillas metálicas, bandoleras y arneses de cadenas, así como de piezas abstractas de vidrio.


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Alexander McQueen - Fall-Winter 2019 - Womenswear - Paris - © PixelFormula

Para el final, Burton pisó el acelerador con un deslumbrante vestido Valkyrie, con una joya deslumbrante que parecía brotar de forma orgánica, con cadenas, cuentas y cristales. Junto a algunos vestidos de fiesta satinados y arrugados en telas con rosas, una en rojo y la otra en blanco.

“Es la guerra de las rosas. De ahí es de donde soy yo”, dijo riéndose Burton, al tiempo que recibía cumplidos y se paraba ante el más bello pizarrón imaginable. Una obra de arte en sí misma.
 

Traducido por Eva Gracia Morales

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